La lluvia golpeaba fuertemente sobre el techo de la cueva donde el grupo Avatar se refugiaba. Las paredes eran de un color gris muy oscuro, y parecían haber sobrevivido mucho tiempo, ya que la textura era lisa y suave, como si el mar hubiese subido, erosionándolas.
Todos, salvo Katara, dormían plácidamente en unas cómodas pieles, que habían comprado oportunamente en el reino tierra.
La maestra agua estaba en la entrada de la cueva aprovechando el reciente diluvio para juntar agua, purificándola y llenando las distintas cantimploras y vasijas de sus amigos.
Katara escuchó como alguien se movía detrás de ella. Miró y vió que Toph se incorporaba.
— ¿Qué haces a esta hora levantada, Katara? — Preguntó la niña, acercándose a su compañera de viaje.
— Limpiando el agua que cae para usarla luego, ¿Me ayudas? — Respondió Katara amablemente.
Toph no dijo nada, simplemente se acercó a la gran vasija donde estaba el agua y comenzó a sacar el posible polvillo o tierra que tenía el líquido, valiéndose de su tierra control. Siguieran así por una media hora, hasta que una repentina pregunta de Katara desbancaría el status quo de la escena.
— Toph… ¿Te gusta mi hermano?
La vasija se rompió, el agua se desparramó y Toph se levantó de un salto, ‘mirando’ a Katara con una expresión indescriptible.
— Toph, no me mires con esa cara, ¿Acaso crees que no veo lo que pasa entre tú y él? — Respondió ella impasible ante la expresión de la maestra tierra. Tomó otra vasija y volvió a poner el agua dentro.
Toph se volvió a sentar, pero sin sacar su expresión de desencanto. Se acercó a la vasija y volvió a su trabajo.
— Está bien, no espero que me respondas. — Agregó Katara, mirando a Toph. Luego, dejó de juntar el agua, la miró directamente y dijo mientras se reía: — Sólo espero que seas más discreta, porque hasta Aang se dio cuenta.
— Maldito pies ligeros, ya lo agarraré — murmuró Toph enojada, limpiando el agua furiosamente.
Las dos siguieron en lo que estaban, mirándose de vez en cuando, cruzando alguna que otra palabra. Ninguna sabía que a partir de ese momento, estarían más únidas que nunca como amigas.